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Intercambio académico


Martín Erbes tiene 22 años y cursa el quinto año de la Licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias de la Educación. Regresó recientemente de Brasil, en donde estuvo cinco meses haciendo un intercambio académico en la Universidad Estadual Paulista (UNESP).

A través de la convocatoria que cada año realiza la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) para el Programa de movilidad estudiantil, Martín Erbes resultó seleccionado para realizar un intercambio durante el primer semestre de 2017 en la Universidad Estadual Paulista de Brasil. Allí, estuvo durante cinco meses estudiando en la Faculdade de Arquitetura, Artes e Comunicação y viviendo en una residencia estudiantil junto a otros estudiantes brasileños.

Martín reconoce que volvió enriquecido de su experiencia, tanto a nivel personal como profesional. Además de hacer amigos, trajo inquietudes para hacer su tesis y piensa en volver a Brasil después de recibirse. 

Similitudes y diferencias académicas
“En la FCEDU tenemos un perfil mas teórico/académico, en Brasil es más práctico/profesional. Desde primer año –son cuatro años allá– se hacen llamar más periodistas que comunicadores. En ningún momento se plantea la diferencia que acá sí”, expresó Martín para empezar.

En ese sentido, valoró la formación práctica –”están todo el tiempo frente a una cámara, un micrófono, escribiendo”– pero reconoció que, al menos en su experiencia, el nivel académico de la Licenciatura en Comunicación Social de nuestra Universidad es correlativo al de una Maestría en la institución brasileña. “El nivel que tenemos nosotros como Licenciatura, allá es el nivel de una Maestría. Recién en la Maestría que se suele hacer después de graduarse empiezan a leer De los medios a las mediaciones, cuando nosotros lo leemos en primer/segundo año”, apuntó. La presencia de teoría en la formación de grado es, entonces, más instrumental, “como andamiaje para la práctica pero en un sentido muy concreto”; no para la construcción de posturas críticas de esas prácticas.

De todas formas, Martín destacó que “al tener menos exigencia de parte de la universidad, pueden estar en proyectos de investigación, extensión, en comunicación comunitaria. De toda la gente que conocí, cada uno estaba por lo menos en un proyecto; incluso, conocí gente que estaba en tres o cuatro proyectos, aparte del cursado en la Facultad”. En ese sentido, “los currículums están más enriquecidos”, agregó.

Martín decidió hacer cuatro materias: Lengua portuguesa, Fotoperiodismo, Periodismo digital II y Teorías y métodos de investigación en comunicación. Esta última es la materia a partir de cual se realiza el trabajo final de la carrera: Martín reconoció que allí fue donde más trabajó. “Allá no tienen tesis, tienen Trabajo de Conclusión de Curso (TCC), que sería algo como una monografía”. Lo valioso, según el estudiante, es que “desde primer año ya se aprende a hacer un Proyecto de Investigación, con la lupa que vas a trabajar”.

De la experiencia retornó con algunas ideas para llevar a cabo acá: “Sabía que iba a volver a terminar la carrera y la tesis, pero no tenía un tema definido. Allá un profesor me insistió mucho con las industrias creativas y me quedó la inquietud”, confesó.

Hacer un intercambio
Entre las cuestiones determinantes a la hora de tomar la decisión de anotarse para hacer el intercambio, Martín destacó la figura del Lic. Enrique Raffin, docente de la casa, “un referente en cuanto a intercambio, recordemos que su pasantía fue la primera en términos de experiencia académica internacional”. Él fue quien lo incentivó a hacer la experiencia: “me dijo, vas bien con la carrera, aprovechá, andá donde hables otra lengua, donde nadie te conozca”.

Allí, tomó la decisión, contó con la carta de recomendación de Mariana Perticará –a quien también mencionó con agradecimiento–, resultó seleccionado, tomó algunas clases de portugués con Laura Wagner en la Facultad de Trabajo Social y a pesar de los miedos iniciales, hoy destaca que no hay “contras” en la experiencia. “Cursé, hice cuatro materias, volví hablando portugués, no me enfermé, fue la gloria los 5 meses. Lo que podría ser tedioso: sólo los papeles, lo administrativo”. De todas formas, es determinante en la conclusión: “Considero que todos deberían hacer una vez en su vida un intercambio“.

“Regresé con la idea de terminar de cursar, terminar la tesis, y volver a Brasil, no sé si Bauru porque es más bien de estudiantes, me invitaron ir a Recife también, veremos”. Mientras tanto, “ahora seré yo quien debe seguir con la cadena de recomendar e incentivar el intercambio“, concluyó.

Sobre la experiencia de intercambio, entre lo que ocurre en nuestra institución y la de Brasil, Martín ofreció algunos contrastes, entre los que se destaca la cantidad de estudiantes que asisten a la Facultad donde cursó, producto de un fructífero intercambio con otros países de Latinoamérica: “Donde yo fui había 10 intercambistas, no argentinos, de Uruguay, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México, Paraguay, Bolivia -1 o 2 por país”.

Además, comentó que es cada Facultad la encargada de gestionar todos los trámites de los estudiantes de intercambio y no la Universidad, y que se brindan residencias estudiantiles donde existe la posibilidad de compartir la cotidianeidad con otros estudiantes, tanto de programas de movilidad académica como de Brasil. También subrayó que el hecho de estar ubicados en un campus –junto a una reserva ecológica– conviviendo con otras facultades hace que se den experiencias interdisciplinares que enriquecen el tránsito académico.

“Los estudiantes, de acuerdo a lo que estaban estudiando, aportaban conocimientos por motus propio, por ejemplo, Comunicación aportaba a la información de la Facultad, los de Biología los cuidados de los monos y peces, los de Diseño y Arte, estaban con la decoración de la facu. Todo ello está ligado con el sentido de la pertenencia de estar allí, están involucrados”.